Un hombre hizo muchas cosas para encontrar la paz y la felicidad salía con amigos a beber, salía con chicas, pero al final del día siempre había un vacío. Algo que no explicaba, pero el sentimiento de soledad era profundo. Inicio la búsqueda por la vía fácil aquella donde te haces pensar que todo va bien y te engañas, hizo un poco de yoga , leyó varios libros motivacionales sobre auto-estima, como esos que te enseñan a superar traumas. Pero lo que este hombre no se daba cuenta, es que buscaba la solución en si mismo, creía que si se enfocaba en su ”yo” llegaría a ser feliz, pero tan solo estaba mirando a través del vidrio equivocado, mirando de la manera egocéntrica como muchos hemos estado viviendo, decimos soy suficiente para mi, es mi vida y yo puedo hacerlo, y dejamos a Dios a un lado, y cuando las cosas se tornan grises solo venimos y sacamos al Dios de emergencia aquel que usamos para los momentos difíciles y que olvidamos cuando estamos bien, esta era la situación del hombre hasta que un día se acerco  a Dios  verdaderamente, y se dio cuenta que la sanidad, la paz, y la felicidad no provenía de el si no de la mano de Dios.